Tener pileta propia cambia la forma de dar educación física: los alumnos aprenden a nadar en el colegio, sin traslados, y la pileta se aprovecha también para la colonia de verano y actividades extra. Pero un natatorio escolar tiene exigencias propias. Lo usan chicos de distintas edades, uno detrás de otro, muchas horas por día, y la seguridad tiene que estar resuelta desde el diseño.
Cómo es una buena pileta escolar
- Profundidades para enseñar. La mayor parte de la clase se da donde los chicos hacen pie. El fondo con pendiente suave permite separar a los grupos por nivel.
- Medidas según las clases. El largo y la cantidad de andariveles se definen según cuántos alumnos nadan a la vez y qué actividades se dan.
- Accesos seguros. Escaleras con pasamanos, escalinatas amplias, bordes y solados antideslizantes.
- Visión completa. El profesor y el guardavidas tienen que ver todo el espejo de agua, sin rincones ocultos.
- Agua más templada. Para que los más chicos estén cómodos durante toda la clase.
Natación todo el ciclo lectivo
Si la pileta es descubierta, solo se usa unos pocos meses, y casi todos caen en vacaciones. Para dar clases de marzo a diciembre, el natatorio tiene que ser cubierto y climatizado. En ese caso calculamos la climatización del agua y el control de la humedad del ambiente, que cuida la estructura y el confort de alumnos y profesores. Más detalles en calefacción de piscinas.
Una obra pensada para el calendario escolar
Planificamos el cronograma hacia atrás, desde la fecha en que el colegio necesita la pileta. Lo más invasivo se hace en el receso de invierno o en el verano, y durante las clases trabajamos con la zona de obra cerrada, con ingresos separados de los de los alumnos.
Consejo
Si el colegio ya tiene pileta pero está vieja, una renovación integral en el verano puede dejarla lista para el inicio de clases.
Para conocer cómo trabajamos en natatorios de uso intensivo, mirá piscinas para hoteles, clubes e instituciones o nuestra guía para planificar un natatorio.